Todo proyecto de inversión pública en Colombia —sin importar si se financia con el Presupuesto General de la Nación, regalías, o recursos propios de una entidad territorial— sigue una misma lógica de ciclo, definida por el Departamento Nacional de Planeación (DNP): formulación, viabilidad, programación, ejecución, seguimiento, cierre y evaluación posterior. Entender ese ciclo completo —no solo la etapa de contratación— es lo que permite anticipar en qué momento se puede perder un proyecto por falta de sustento técnico, de recursos o de seguimiento.
Formulación: de la idea a la MGA
Todo empieza con un problema identificado — una necesidad de la población que la entidad puede atender dentro de sus competencias, no con una obra ya decidida de antemano. Esa idea se estructura mediante un diagnóstico: población afectada, causas y efectos del problema, y un árbol de objetivos que define qué se quiere lograr. A partir de ahí, la Metodología General Ajustada (MGA) —la herramienta oficial del DNP para formular proyectos— exige definir, entre otros elementos, el objetivo general y los específicos, las alternativas de solución evaluadas, los productos y actividades, el presupuesto detallado, el cronograma, las fuentes de financiación, los riesgos y la sostenibilidad de la operación una vez entregado el proyecto. Según su complejidad y monto, el proyecto puede avanzar por niveles de estudio crecientes: perfil, prefactibilidad y factibilidad — no todos los proyectos requieren el mismo nivel de detalle desde el inicio.
Viabilidad y registro en el Banco de Proyectos (BPIN)
Una vez formulado, el proyecto se transfiere desde la MGA al Banco Único de Programas y Proyectos, donde recibe su código BPIN — el código no se genera con solo diligenciar la MGA, sino al completarse esa transferencia. Ahí, la instancia competente —un ministerio, una entidad territorial, o un órgano colegiado como un OCAD, según la fuente de financiación— evalúa si el proyecto está suficientemente sustentado: pertinencia frente al problema, coherencia entre objetivos y productos, viabilidad técnica, jurídica, ambiental y financiera, y ausencia de duplicidad con otros proyectos ya registrados. El registro en el BPIN no equivale todavía a tener los recursos asegurados: solo confirma que el proyecto superó la etapa de estructuración y puede pasar a la fase de decisión presupuestal.
Programación presupuestal
Con la viabilidad definida, la entidad identifica la fuente de financiación —Presupuesto General de la Nación, recursos propios, regalías, crédito o cooperación—, distribuye los costos por vigencia, y tramita la incorporación al presupuesto correspondiente. En proyectos con Presupuesto General de la Nación, el DNP participa en la planeación de la inversión y el Ministerio de Hacienda en el Marco Fiscal de Mediano Plazo y el trámite presupuestal; en proyectos con regalías, rigen las reglas propias del Sistema General de Regalías, incluida —cuando aplica— la aprobación por un OCAD. La lógica de formulación en la MGA es prácticamente la misma en ambos casos; lo que cambia es la ruta de aprobación, la fuente y las reglas de programación posteriores.
Ejecución y contratación
Con los recursos disponibles, la entidad ejecutora expide el certificado de disponibilidad presupuestal, elabora los estudios previos, selecciona al contratista según el régimen aplicable, y ejecuta el contrato bajo supervisión o interventoría. Durante esta etapa también se gestionan permisos, licencias y trámites prediales o ambientales que el proyecto requiera. La entidad ejecutora —no el DNP ni el Ministerio de Hacienda— es responsable de contratar, administrar los recursos, cumplir las metas, conservar los soportes y reportar los avances. Cualquier cambio de alcance, costo o plazo durante la ejecución debe respetar la lógica original del proyecto; los cambios sustanciales pueden exigir una nueva revisión de viabilidad.
Seguimiento
Durante la ejecución, la entidad reporta el avance físico y financiero del proyecto a través de las plataformas del DNP (como el SPI o el SUIFP), comparando lo programado contra lo ejecutado: ejecución financiera, avance de productos y actividades, cumplimiento de indicadores, avance contractual, y riesgos identificados. Ese seguimiento no es solo un requisito de reporte — es la base para detectar retrasos y sobrecostos a tiempo y tomar decisiones correctivas antes de que un problema se vuelva irreversible.
Cierre y evaluación posterior
El ciclo no termina con el último pago. El cierre implica verificar que los bienes o servicios fueron efectivamente entregados y cumplen las especificaciones, que se alcanzaron las metas físicas previstas, y que existe un responsable definido de su operación y mantenimiento futuro. El respaldo documental incluye el informe final físico y financiero, actas de recibo y de terminación, el balance de recursos y, cuando corresponda, la liquidación del contrato. La evaluación ex-post, cuando se realiza, analiza si el proyecto produjo los resultados esperados frente a la línea base inicial, y deja lecciones aprendidas útiles para proyectos similares.
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